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Cromos de Cine

miércoles, 9 de enero de 2008

El Comienzo de Charlot

Primera aparición de Chaplin en la gran pantalla en Charlot periodista (Making a Living)


Charlot nació. Pero nunca morirá. La persona que en silencio gritaba libertad, el humanista capaz de hacer ideología sin hacer política, el artista que vistió al arte del siglo XX de sombrero, bigote, corbata, guantes, bastón y zapatones nunca morirá.

Charlie Chaplin llegó a Hollywood en la primavera de 1913, y comenzó a trabajar en noviembre. El 2 de febrero de 1914 se estrenaba su primera película, Making a Living (Ganándose la vida, también conocida como Charlot periodista). En ese mismo año rodó 35 films de un rollo (cortos de entre doce y dieciséis minutos de duración), escritos y dirigidos por Sennett, el propio Charles u otros directores. Todavía sus caracterizaciones eran sólo esbozos del vagabundo ingenuo y sentimental que le daría fama en todo el mundo, pero como Chaplin interpretaba en cada uno un oficio o situación distinta, se los bautizaría luego como Charlot bailarín, Charlot camarero, Charlot de conquista, Charlot ladrón elegante, etc.

El éxito fue arrollador, y en 1915 la productora Essanay le robó a Sennett su estrella. Allí la creatividad de Chaplin tuvo vía libre, pues ya pasó a escribir y dirigir los catorce films que rodó ese año. Tenían ya una duración de dos rollos, una trama más complicada que introducía toques románticos y melancólicos en la receta humorística, y un guión meticulosamente estructurado y ensayado que permitió al personaje del vagabundo, Charlot, convertirse en la tierna figura que hoy recordamos.

Donde había lágrimas, se necesitaban sonrisas. Es algo universal, de ayer, de hoy y de siempre. Esa sonrisa necesitada entre los barrios desempleados de una América clasista buscaba una forma para manifestarse y encontró a la persona que la esculpió: Charles Chaplin, el actor, el payaso, el escultor que regaló su cuerpo y su arte. Entonces nació el que muy pronto cruzaría el océano para llegar a corazones extranjeros, donde la realidad, también protagonizada por el hambre y la miseria, esperaba ansiosa el nuevo estreno de Charles Chaplin para dar una patada en el trasero al hombre que conducía un Rolls Royce, al oficial que embargaba a ciudadanos sin zapatos, al empresario que dejaba en la calle a un padre de familia numerosa, y por qué no, a la falsa estatua de la libertad; para olvidar la rutina con una carcajada y el hambre con esa sonrisa: CHARLOT.

Una patada en el trasero a los que siempre ganan… es lo único que podían permitirse los perdedores de la calle, y Chaplin lo sabía.

Finales felices donde el protagonista termina igual de pobre que al principio. No ha ganado dinero, no ha ganado clase; ha ganado emociones y sensaciones, ilusiones y decepciones, cariño y celos, intriga y tensión, tragedia y sonrisas, lágrimas y carcajadas…En definitiva, más historia. Más vida. El alma inquieta es el alma feliz, aún en un cuerpo vagabundo, ¿A que sí, Charlot?



"Charlot era un tipo capaz de hacernos llorar por cosas de las que normalmente nos reímos, y de hacernos reír con cosas que nos hacen llorar. Era uno que hablaba de nosotros, porque era uno de nosotros”. Darío Fo.




Fuentes:
http://www.biografiasyvidas.com/monografia/chaplin/
http://www.voltairenet.org/article145163.html
http://www.arar93.dsl.pipex.com/mds975/Content/charlie_chaplin.html

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